jueves, 12 de abril de 2018

A PIE POR SANTIAGO (CRONICAS DE LA CIUDAD)




ECOS DE ABRIL
Abril de tibias y deshojadas brisas. De prematuros atardeceres que se instalan en la tarde que agoniza. Abril de húmedo rocío de madrugada de regreso dipsómano y tambaleante de la Peña Antilén. De frecuente dromomanía hacia Chile, Rie y Canta, y luego hasta donde el Nano Parra, en San Isidro y Alonso Ovalle para tomar la copa del estribo en medio de la interpretación borracha de canciones de Sandro en la voz lacrimosa de Manolo Foster…o el Pollo Guzmán. Abril de Mil Cuecas zapateadas en el corazón de San Bernardo. Abril de luces y sombras. De amigos callejeando por “Decreto Supremo” con la guitarra llena de trinos de pájaros rebeldes. Abril afinando en La 4:40 los Tiempos de Crecer en la Casa del Cantor con entusiastas y emergentes amantes de la música. Abril oscuro en la lectura del listado policial de los que se iban y de los que se quedaban en la cárcel transitoria. Abril de profundo dolor en la partida de entrañables amigos. De lágrimas derramadas mientras sosteníamos en vilo el féretro con el cuerpo lívido de nuestro hermano Wilfredo que partía… hace 14 años ya. Abril estupefacto ante el horror todavía latente del atroz crimen cometido. No degollarán nuestra esperanza. Abril corriendo a tomar la última micro antes del toque de queda. Abril paseando contigo en la tarde dominical del Parque Forestal. Abril de lluvias ausentes. Abril de guitarras de acordes idos. Abril de renovados e ingenuos brios en la democracia que amanece. Abril de sueños venideros. De súbitos cabellos plateados reflejados en el espejo. De memorias cotidianas. De hojas que crepitan con mis pasos en la desnudez otoñal de los árboles de mi cuadra. De marchas multitudinarias con mi rostro presente y mi corazón militante. Abril…vuelvo a desandar el camino en los recovecos del implacable pasado…

jueves, 1 de febrero de 2018

A PIE POR SANTIAGO (CRONICAS DE LA CIUDAD)

ALLIPEN
Allipén…muéstrame tu arboleda maciza que va recorriendo tus orillas rio abajo. Tu rumor silencioso. Todo fluye. Nada permanece, todo cambia. Río dialéctico que no deja bañarse dos veces en la misma agua. Tus soberanos y poderosos salmones ciegos que van a contramano corcoveando y buscando su desobado final. Enséñame el rostro doloroso de tu tragedia invernal. Las manos infantiles que no pudieron remar contra corriente y que se quedaron dormidas en tu lecho araucano. Dame el aroma penetrante de tus hierbas sanadoras. La fragancia iracunda del Poleo. Dale el pan a tus hijos que te respetan y te veneran. Enséñame tu silente melodía rio abajo cuando la noche se instala en tus aposentos de virginal belleza. El ladrido solitario y alerta en el iluminado plenilunio de tus aguas. Tierra araucana de macilentos, silenciosos y torvos caminantes de la madera materna. A tus mudos paisajes hay que regresar con el corazón dispuesto. A la guitarra nocturna. Al cálido vino de la amistad reencontrada. A la canción que el viento invernal va entonando en la colosal sacudida de las copas de tus árboles sagrados. A tu poderosa lluvia inclemente. A tu oscuridad impenetrable. A tus galopes equinos de dulce mansedumbre que van haciendo camino en la generosa tierra sureña. Salud nuevo amigo.

viernes, 12 de enero de 2018

A PIE POR SANTIAGO (CRÓNICAS DE LA CIUDAD)

SEMBLANZA DE MAMA

Tu inconmensurable amor a tu familia y tu sencillez son rasgos notorios de tu existencia.. Tu azarosa vida que te llevó tras mi padre, a recorrer difusos y olvidados pueblos como Inca de Oro, por allá por Copiapó adentro donde la tierra es cobriza y el agua salobre, en una aventura familiar con sus tres críos transitorios a cuestas buscando la buenaventura que nunca llegó. Coquimbo fue tu lugar para vivir los misterios del matrimonio porteño por muchos años.Renquina de corazón conocía desde su más tierna infancia los recovecos del cerro de Renca, la hermana Julia y su mano de seis dedos vendiendo castañas casa por casa cuando caía el crespúsculo. La mítica “Cueva de Don Emilio”. Los amaneceres de trinos de pájaros y buhos que entonan su silvestre melodía madrugadora en la lejana copa de los árboles. Las vehementes lluvias que sobresaltaron tu sueño juvenil. Tu trabajo puertas adentro en la panaderia “La Campana” por allá por calle Esperanza. La he visto lavar en “bateas” como manda la tradición a escobillazo limpio ganándole la pulseada a la pobreza. Sus manos creadoras inventando la sobrevivencia alimentaria para que sus siete chiquillos no conocieran el hambre. Cortó fierro con una sierra como un hombre para ayudar en la faena del marido - padre cerrajero, y bordó, cosió y zurció las ropa para que aguantaran un poco más. Nobleza de mujer de antaño que se valoriza en los recovecos del corazón. Quien más que tu supo de privaciones y silenciosos dolores que guardaste dentro de tu corazón. De lágrimas a escondidas. Quien mejor que tu para corregir con el cordón de la plancha la insensata maldad infantil de tus hijos. Con su talento de madre costureteó la mezclilla para los pretenciosos púberes que soñaron patas de elefantes para sus pantalones setenteros. Cantó inolvidables himnos de amor hasta lograr conciliar el sueño de sus hijos. Nadie más que tu supo dirigir la obstinada conciencia que se negaba a hacer las tareas de estudiante. No caben en estas líneas los homenajes ni las letras que puedan cubrir tu estirpe ni tu impronta de mujer luchadora de Chile. Madre nuestra que estás en la tierra. Damos gracias a Dios.

domingo, 24 de diciembre de 2017

A PIE POR SANTIAGO: CRÓNICAS DE LA CIUDAD


PABLO
Apenas cruzó calle Borgoño cerca de la estación Mapocho, tomó calle Maruri y empezó a ubicar el número 513. Casi arrastraba el viejo baúl de lata donde traía sus escasos bienes. Una pequeña maleta que contenía algunos libros y su escasa ropa venía amarrada al baúl. El empedrado de adoquines de la silente calle parecía oponerse a que su paso fuera expedito. Su delgadísima figura vestida de rigurosa capa negra y sombrero alón, le daba un aspecto fantasmal. De otro mundo. Maruri era una calle distinta a las que la circundaban. Tenía una especie de linaje diferente. De aristocracia vernácula y olía a café de higos… La peregrinación se hizo eterna. Apenas cruzó calle Rivera se encontró de sopetón frente a la puerta de la pensión. Trepó con gran dificultad la escala que se presentaba ante él. Las sempiternas lluvias del sur golpeaban con fuerza en su mente y su corazón. El olor a madera mojada y ranchos humeantes de la campiña sureña, caballos corriendo a campo traviesa mientras el tren va surcando el verdor de la espesura invernal. Torvos campesinos de poncho de Castilla empapados bajo la torrencial lluvia. La dueña de la pensión escribía con gran dificultad sus datos en un libraco de hojas amarillentas y gruesa tapa. Hundía presurosa la pluma en el mínimo tintero al borde del escritorio de recepción para terminar el registro y miraba de reojo al menudo joven que se presentaba ante ella. Mientras enumeraba algunas restricciones de la casa le entregó una llave antigua de paleta que hacia rechinar la chapa de su nuevo hábitat. En su pieza sólo había un catre de una plaza cubierto por una colcha de hilo, un pequeño velador, una bacinica que se asomaba bajo la cama y una esmirriada silla tapizada de gruesa totora. Más allá un leve lavatorio acompañado de un saltado jarrón blanco enlozado. Dejó sus bártulos a un lado y se recostó mirando el techo cuyas cicatrices delataban la filtraciones de lluvias invernales…Abrió la ventana de dos hojas y un vaho de aire tibio lo inundo todo. Se sentó a mirar el cromático ocaso que empezaba a inundarlo todo de sus radiaciones celestes, violáceas y rojizas sobre los desolados techos de tejas de la vecindad. Con mansedumbre sus ojos recorrieron el arrabal santiaguino hasta que su vista se perdió en el horizonte. Más allá las torres del Buen Pastor quebraban la incursión visual mostrando su imponente silueta…Habían sido construidas por Eusebio Chelli, por allá por los nebulosos años 1871…Fueron las más bellas de ese Santiago colonial. Pablo respiró profundamente y entraron en su ser los colores de ese atardecer pirimigenio de muchas contemplaciones venideras…Cogió un grueso cuaderno y estremecido por el maravilloso fulgor reinante y acosado por una infinita melancolía escribió “Los Crepúsculos de Maruri” mientras sus tripas entonaban un concierto de hambre que habría de acompañarlo en muchas jornadas de su solitaria poesía …

lunes, 14 de agosto de 2017

A PIE POR SANTIAGO (CRONICAS DE LA CIUDAD)

SALO, UNA HISTORIA ENTRETENIDA
“Señoras y señores en nombre del pueblo y del Gobierno de Chile declaro inaugurado el Campeonato Mundial de Fútbol 1962”. Con esta frase de término de su discurso el Presidente de la República, Don Jorge Alessandri Rodríguez ante un Estadio Nacional repleto, daba el vamos a la fiesta deportiva más importante de la década del sesenta en Chile. Estamos en junio de 1962. Se desataba la algarabía y la fiebre por el fútbol era total. Aunque Chile era un país de apenas 7.500.000 de habitantes y escasa infraestructura deportiva había logrado gracias a la intervención de destacados dirigentes deportivos como Carlos Dittborn, Juan Pinto Durán, Ernesto Alvear y otros que logran traer a Chile lo que muchos países anhelaban: realizar el Campeonato Mundial de Fútbol.Las vitrinas de las tiendas mostraban ingeniosas figuras de futbolistas que se movían rítmicamente y cautivaban al transeúnte que no podía evitar contagiarse de esta sana alegría. Proliferaban la muestras de implementos deportivos: zapatos, rodilleras, medias, canilleras, insignias fotografías y cuanta cosa podía imaginarse relacionada a este popular deporte. Los kioscos exhibían sus fachadas repletas de menudos banderines que representaban a todas las naciones que participaban en el magno evento. La fotografía con una plástica sonrisa de algún astro local iluminaba el punto de venta en la portada de la Revista Estadio. Los Ramblers y su “Rock del mundial” batían todos los records de ventas de los nostálgicos discos vinilos de 45” y sonaban todo el día en la radio. Junto al evento nacía la televisión y muchos aparatos fueron puestos en exhibidores piramidales para que la gente pudiese ver a sus astros favoritos en acción. Todo era celebración. Quizás para olvidar en parte la tragedia que se había vivido un par de años atrás en el sur de Chile, más precisamente en la ciudad de Valdivia, que había sido asolada por el terremoto más grande que registra la historia de la humanidad hasta estos días y que había puesto en duda la realización del evento. Los caballeros asistían en gran cantidad de riguroso terno gris, abrigo y sombrero a las citas deportivas en el Estadio Nacional y en todas las sedes a lo largo y ancho del territorio. Las radios a pilas gozaban de gran popularidad y era usual ver en el estadio a fanáticos que además de estar viendo el partido gustaban de escucharlo por radio al mismo tiempo. Los niños gozaban con los paquetes de maníes o las bebidas de fantasía que sus padres le compraban, con las melcochas o el “Rico veneno” voceado con vigor por el vendedor con atuendo wanderino que se trasladaba con habilidad por entre las galerías entabladas. Más allá otro comerciante mostraba el “Balón Oficial” que rifaría minutos más tarde y para lo cual era urgente rematar los últimos números. El “café – café” circulaba con su suave y aromática alerta vaporosa entre las manos de los entumidos espectadores . Los niños atesoraban entre sus mano el más novedoso producto que nos entregaba este magnífico evento: El álbum de figuritas Caramelos Campeonato. El primero en publicarse en Chile y que permitiría a los niños seguir de cerca de todos los jugadores de su selección y también a los extranjeros. Ser dueño del álbum y pegar sus láminas era un ejercicio mágico y el privilegio de tenerlo una de las experiencias más bellas de la infancia sesentera. La genial publicación ideada por don Salomón Melnick Mirochnick tuvo un éxito inimaginable y grabó a fuego en el corazón de los niños de Chile el hermoso hábito de la coleccionabilidad. Cada página tenía como contenido la ubicación geográfica de cada país participante, su superficie, su población, la info de su capital, sus ciudades principales y su cantidad de habitantes, su unidad monetaria, sus principales productos de exportación, su idioma y un curioso glosario donde podía leerse como se decía en los distintos idiomas nativos de cada país, la palabra hola, amigo, adiós, gracias…El álbum constaba con 268 láminas y venían como parte del envoltorio de los caramelos que Don Salomón vendía en su confitería de calle San Diego.Asesorado en la parte publicitaria por el mítico Germán Becker Ureta, creador de los clásicos universitarios, fundador del grupo teatral ICTUS, Director radial y Premio Caupolicán como mejor Director Teatral 1949, y en la Gerencia Comercial a cargo de Manuel Arriagada Pinto figura internacional del fútbol de Chile y bajo la responsabilidad comercial de “Don Salo” el álbum logró alcanzar sólidas metas de ventas . Todas las instalaciones de la empresa estaban ubicadas en la calle San Diego 1859 – teléfono: 55466. Los premios para quienes tuvieran su álbumes completos, controlados y numerados contemplaban : automóviles, televisores, motonetas, viajes al extranjero, bicicletas y mil premios más. Todos los lunes, miércoles y viernes a las 7 de la tarde por los micrófonos de CB 106 Radio Sociedad Nacional de Minería Sergio Livingstone Polhammer respondía todas las dudas de los coleccionistas y hasta podían asistir personalmente al auditórium durante la audición del inolvidable “Sapito” y participar en los concursos que allí se realizaban exigiéndose como única entrada la presentación del álbum aunque no estuviese completo.Esta experiencia empresarial en el ámbito de la entretención revela una visión a escala humana, donde todos podían ser actores de manera transversal en esta incursión comercial.El vendedor solía llegar a los colegios y regalar el álbum más2 sobres a todos los niños sin ninguna discriminación lo que hacía democrática y solidaria la diversión en la que nadie quedaba fuera. Esto era un elemento sociabilizador importante ya que cualquier niño, aunque no tuviera los recursos para seguir llenando el álbum de todas maneras su ilusión estaba expresada en 10 láminas pegadas que de igual forma llenaba de magia y alegría su alma infantil.

jueves, 27 de julio de 2017

A PIE POR SANTIAGO (CRONICAS DE LA CIUDAD)

ALIRO
Fue chofer de inmensos camiones con tolva que acarreaban minerales por allá en el difuso pueblo de Inca de Oro, escenario de una parte de la infancia nortina. Iba hacia la mina “Linda Ester” por Copiapó al interior, donde la tierra es cobriza y el agua salobre por el alto contenido de cobre. Después venía en el mítico "Taca Taca", camión Thames llamado así por el sonido de las vávulas de su motor y pintado de celeste y blanco, los colores de la virgen de Lourdes, como muchas cosas de su propiedad. Vino manejando un camión Chevrolet Viking 60 cargado hasta las barandas con sandías de Paine. Tuvo un Taller de reparación de Radiadores en una de las calles centricas del puerto Coquimbo que servia de lugar de regadas reuniones de amigotes y colosales fritangas de sartas de pejerreyes. Retratado en la farra juvenil alucinante en La Stanka, o en el Bogarín o en el Bar Santiago en El Empalme en medio de la porteña bacanal cervecera. Pendenciero, peleador en el Bar del Italiano en la borrachera inconsciente. Puntual encorbatado devoto dominical de la Gruta de Lourdes. Josefino impenitente de dudosa consecuencia. Visitante matutino del antiguo Mercado Persa que estaba en las cercanías de la calle San Martín cerca de Mapocho.
Cerrajero artístico forjador de mesas de arrimo y creador de porta maceteros pintados de negro. Sus dedos doblaban una hoja de cuaderno donde depositaba la purpurina dorada que aplicaba soplando levemente a la recién pintada pieza terminada. Armador de largos paños de reja que ayudamos a pintar con infantiles manos de antioxido cafesoso. 
En el sólido tornillo mecánico aprisionó las machinas donde dobló las platinas y fierros para ir haciendo grandes las “eses” que serian parte de las patas de la mesa de terraza que soldaba al arco con talento y gracia. Llegó alguna vez de las fritangas de pescado que se instalaban en la ribera del Mapocho, cerca de la estación, con un paquete de pescados fritos que comimos entredormidos. Conocedor del cautín y la soldadura de estaño. Candil de la calle hasta entrados sus años de madurez. En el umbral de la tercera edad partió un buen día de este mundo sin decirle nada a nadie, cuando su corazón no pudo más para volverse el recuerdo de su nombre tallado en una placa de mármol. Ven, hagamos las paces. Dame un abrazo. Ya no tengo nada que reprocharte. Yo moriré comunista y tu allá con tus convicciones. Prefiero mirarte con los ojos limpios de resentimientos. Hasta siempre padre…

viernes, 5 de mayo de 2017

A PIE POR SANTIAGO (CRONICAS DE LA CIUDAD)

EL MERCURIO
Siempre me he preguntado como es que El Mercurio sobrevive. Por el avisaje me dicen. Pero no es el diario más leído. Parece curioso que uno de los menos leidos se mantenga por el avisaje. 
Salvo que seamos gallegos para publicitar ahí.
Alguna vez leí el cuerpo Artes y Letras del antiguo Mercurio. Se salvaba de cuando en cuando. Y busqué en los avisos económicos leyendo sentado en el banco de un parque los avisos económicos. Esas uniformadas columnas de párrafos, la posibilidad de encontrar algún trabajo urgente en medio de la letra chica. Hoy parece no necesitar ese chaucheo para sobrevivir. Cuando USA decide desclasificar todo el accionar de la CIA en Chile y latinoamerica en general en los ultimos decenios , El Mercurio queda al desnudo y se hace público lo que era un secreto a voces. La nitida participación y dirección en la conjura que rompió la democracia mediante el Golpe de Estado. No habia manos limpias. Los milicos hicieron el trabajo sucio, y ellos el negocio. Tan verdad como el mítico lienzo de la rebeldía sesentera que colgó desde el frontis de la Universidad Católica con la más certera sentencia que retrataba de cuerpo entero y para siempre a este medio de comunicación al servicio de la oligarquia local. “EL MERCURIO MIENTE” . Por esos años sus editoriales estaban llenas de falsedades y acusaciones ridículas. Imaginarias conspiraciones con ocultos mensajes del delirante Plan Z encriptado en la etiqueta de una cajetilla de cigarillos muy popular de la época. Habia de dar vuelta cajetilla en 180º y la marca MONZA se convertía en un mensaje encriptado. La primera letra. Es decir la “A” patas arriba significaría “Plan” en ruso. luego veina la letra Z. 
Desués se formaba la palabra NOW. ¡Bingo! Esta era una prueba más. “PLAN Z AHORA” , traducido al castelano . Así de chanta la imaginería facha de una derecha que ya olía añeja. No parece creíble que los supuestos enemigos fueran tan giles, como para entregar de esa manera un mensaje tan gravitante,
Pero seamos justos también El Mercurio sirvió para hacer los cucuruchos en que las vecinas se llevaban las lustrosas frutas de la estación que compraba en la proletaria esquina mapochina. También sirvió para hacer los gorros de maestros pintores de brocha gorda. y para poner hoja a hoja hasta cubrir el piso de la pieza para pintarla. Finalmente, sus páginas cortadas en formato de 13 x 20 cms., puestas y clavadas como un turro en el listón de madera de la caseta letrina séptica rural, sirve perfectamente, previo ablandamiento manual, para limpiarse el culo . Algo es algo.