domingo, 28 de febrero de 2021

 TESOROS HUMANOS VIVOS

Una potente melodía quebró la siesta veraniega. Llegó el organillero con su instrumento autómata tubular y música de relojería. Todo se llenó de remolinos multicolores y matracas que al girar entonan su ronca melodía. De pelotas de colores vivos sujetas por un elástico, banderitas chilenas y uno que otro juguete plástico. Una hermosa catita me saca la suerte mediante un pequeño papel que sacó de una mínima cajita. Su dueño hace que se le suba a la mano y me la entregue. El papel miente y dice que me va a ir bien en el amor. Lo devuelvo con desgano. El Chinchinero amenaza con baile y golpea con su varilla con una goma en la punta el imponente tambor que carga a sus espaldas. Los platillos resuenan sincronizados al ritmo de su zapateo. Está que corta las huinchas para desatarse en una vertiginosa danza popular. De pronto salta al ruedo y comienza a golpear con fuerza el tambor que resuena en el corazón de los vecinos espectadores. Gira con un vértigo increible mientras sus pies juegan a entrelazarse pasando por entremedio del cordón que acciona los platillos. Los más pequeños miran hipnotizados el baile endemoniado del chinchinero. Tras cinco minutos de aeróbicos movimientos se detiene y extiende su pequeño sombrero al público para recibir el aporte con el que sobrevive. Algunos se retiran con discreción. Otro vecino los llama y  comienza a sonar en el organillo esa melodía “el que tenga un amor, que lo cuide que lo cuide. La salud y la platita que no la tire, que no la tire”.

 Ya queda poca gente y comienzan a retirarse estos tesoros humanos vivos con los que aún el pueblo disfruta de esta alegría transitoria en barrios citadinos que se niegan a dejar estas antiguas tradiciones. 


sábado, 10 de octubre de 2020

  •  CHARLATANES DE SANTIAGO

  • Otros personajes urbanos de Santiago son los charlatanes. En el pasado gozaron de gran popularidad por el histrionismo sus vendedores de vestón cuadrillé y bigotillo recortado. Peinado a la gomina y de pañuelo rojo de seda. Hubo algunos que se enfundaban una serpierte al cuello que no dejaba de ser intimidante. “Levántate cabeza dura que vamos a trabajar” llamaba a su mascota golpeando con un bastón la maleta que contenía al reptil. Sus ofertas eran arrolladoras y podían empezar con una billetera de auténtico cuero de cocodrilo a lo que se sumaba un portacarnet de plástico de seis divisiones y por si esto fuera poco agregamos una espléndida peineta ”Pantera” de bolsillo. Todo esto por encargo de Comercializadora ito ito por el único y módico precio de una luca…
  • Un señor calvo mas bien de baja estatura ataviado de un delantal blanco y una mesita de demostración promociona un mágico pelapapas que maneja con destreza de prestidigitador. La cáscara del tubérculo cede como guante y el producto parece infalible. El público que se agolpa en las vetustas puertas de bronce giratorias del Banco del Estado es testigo deslumbrado de este espectáculo de marketing avanzado. Su verso potente, continuo y aprendido de memoria es el mejor refuerzo a su destreza manual. Pero como en muchas cosas el desengaño aparece en casa cuando el uso del pelador no resulta tan fácil como le resulta a él.
  • El mago Palito, una suerte de chaplin criollo en cambio, era un hombre cálido de un humor muy urbano y chileno…también era un prodigio en el arte de la magia y su número del palito de fósforo ensartado en un palo de helado que giraba y aparecian dos, y luego giraba y había tres.. era mágico y atrayente. “Los dejé locos…” pregonaba con risueño beneplacito. El vox populi dice que su número tuvo mucho éxito en Buenos Aires. Llenó las calles de Santiago con su sencillo y gentil arte.
  • El tristetemente celebre juego de apuestas llamado “Pepito paga doble” está en manos de tipos siniestro y esporádicos que aparecen y desaparecen cuando la ronda de la policía se acerca. Siempre acompañados de palos blancos que se mezclan entre los incautos y mirones y se atreven a apostar y ganan de inmediato. Ese es el anzuelo para los ingenuos que creen poder doblar su dinero mediante esta apuesta abyecta. Generalmente pierden y el truhan de dedos mágicos desaparece.
  1. Vecinos de estos a veces están los candidos vendedores de vidrios de calco. Toda una fauna de personajes que hacen chilenidad y folklore santiaguino de pura cepa popular.

martes, 15 de septiembre de 2020

ATORRANTES

Como en todas las grandes ciudades Santiago también tiene y ha tenido una variopinta fauna de atorrantes y seres estrambóticos que pululan por sus calles y son visibles en el Paseo Ahumada, o circulando por alguna feria persa, o en el Bellavista. Los hubo de todas las layas y en todas las épocas. Por los años 70 el “Falabella” una fotocopia de los hippies de Woodstock, que según la maledicencia se quedó pegado en quien sabe que paisaje síquico como resultado de la excesiva adicción a la marihuana. Solía aparecerse en las inmediaciones de las “Convivencias” de la Plaza Manuel Rodríguez oteando de lejos a la concurrencia que entraba a al teatro del mismo nombre a “vacilar” la tarde entera con desafinadas bandas roqueras criollas. O en el Parque Forestal, quizás rememorando los días en que centenares de estudiantes de la enseñanza media, colmaban los prados bajo el lema de Paz y Amor. Saludando al prójimo con los dedos en “V”. Cuando la marihuana te la regalaban y el que no tenía un ánfora era ganso. Hubo quienes le atribuían un parentesco directo con los famosos empresarios y que se habían aburrido de socorrerlo a cada rato. Pura imaginería popular. En los años ochenta el Paseo Ahumada era testigo de todo tipo de performances excecrables. Desde un minusválido que exhibe sus llagas con muecas de inconmesurable dolor, Hasta un travesti teñido con Yupi naranja que bailaba con desenfreno al compás de un pandero de plástico y que era de una insolencia provocadora. Después de estos actos podían verse en El Indianápolis desahogando el cansancio con unos shop de antología. El Elvis es otro personaje urbano de este Santiago bizarro. Su batería hechas de tarros de lata y cajas de cartón eran un imperdoble a la pasada hacia el Bellavista. Tocando caía en trance y de cuando en cuando, lanzaba un improperio de baja ofensa a algún paisano que terciara. Hacía un número con un flacuchento bailarín amanerado que a veces con el envión del entusiamo acicateado por los aplausos de algunos pasados de copas se salía de madre bailando. Entonces el Elvis paraba en seco el solo de batería y le llamaba la atención. El artista era él. Don Francisco lo llevó a uno de sus programas y le regaló una batería. Le duró la nada misma. Debe haber terminado empeñada sin retorno en algún Depósito de Licores o vendida a vil precio a algún vivo comprador ocasional. En estos días hace una perfecta ejecución en un destartalado teclado de lo que fue un órgano. Un pequeño amplificador complementa el acto que se escucha sin ningún yerro. El muy pillo tiene conectado un pendrive y él sólo hace la mimica. El Elvis es un personaje vigente de Santiago que siempre sorprende

martes, 8 de septiembre de 2020

A PIE POR SANTIAGO. CRONICAS DE LA CIUDAD


LA QUINTA NORMAL
Fue el primer y más bello Parque Urbano de Santiago.
En sus albores se convirtió en la sede de innumerables exposiciones agrícolas, donde se exponían al público poderosos toros de raza herencia de ese difuso Chile agrario.
Nadie imaginó la transformación que tendría este mundo vigoroso, colorido y popular llamado Quinta Normal. En sus albores la Escuela Práctica de Agricultura se ponía en marcha con 30 alumnos bajo la dirección de García Reyes. Rodolfo Philippi soñaba su Jardín Botánico e invernadero y Claudio Gay su director plantaba los primeros Abetos, Pinos, Encinas y otros árboles de gran altura que fueron vistiendo su ropaje vegetal. También acogió en sus primeras tentativas al Jardín Zoológico de Santiago a partir de 1882 hasta que fue trasladado al actual Parque Metropolitano de Santiago en 1925. Quizás debió seguir allí el Zoológico y dar mejor calidad de vida y espacio al variopinto espectro de especies para la exhibición. El apogeo de este paseo santiaguino se fija por el año 1930. Lugar imperdible para el proletario paseo dominical de las familias chilenas, y sus pichangas bajo los centenarios árboles. Punto de encuentro irrenunciable para los enamorados, alma del pueblo santiaguino. La Quinta Normal que al pricipio era paseo inperdible para las clases acomodadas hoy es un ícono de la ciudad y del mundo popular. A veces venida a menos, pero imperecedera, acogedora, nuestra. Por los años setenta todavía un pequeño tren recorria la periferia vegetal del recinto, en medio del chivateo infantil. En Septiembre, los sabrosos olores de los asados y las innumerables “comisiones” volantineras familiares llenan sus prados de una increíble algarabía, vendedores de helados que recorren el parque voceando sus chupetes para la “sed y la calor”…que revela una chilenidad vigente, viva, plena de foclor, artesanía, gastronomía , fiestas religiosas y fervor popular. Hoy tu Artequin es visitada por los alumnos de distitas escuelas de la ciudad, tu Museo Nacional de Historia Natural, tu silente Museo Ferroviario testimonio mudo y rigido de un pasado esplendor. Salud y vida a la bella Quinta Normal.


viernes, 20 de marzo de 2020

A PIE POR SANTIAGO, CRONICAS DE LA CIUDAD

EPIDEMIAS Y OTRAS YERBAS

Desde tiempos inmemoriales Chile se ha visto afectado de epidemias y pandemias. La muerte siempre estuvo omnipresente desde la primera mitad del siglo XIX. Cuando la mortalidad infantil superaba los 300 mil por nacidos vivos. La espectativa de vida de un hombre era de 28 años. La lista de enfermedades y pestes en Chile es larga. El cólera apareció en Chile entre 1886 y 1887 y en los centros  urbanos que se vieron afectados murio el 5% de su población.
La viruela devastó a la población chilena con mortalidad permanente. Ni la voluntad política de masificar la vacuna, ni el aislamiento de enfermos pudieron contrarrestar el devastador paso de esta enfermedad. Entre 1800 y 1825 más de 24.600 personas murieron por esta causa. Ente 1905 y 1906 mueren alrededor de 14.000 chilenos. La condiciones de higiene en que se vivia por entonces era el caldo de cultivo preciso para que aparecieran otra epidemias como la tuberculosis, el tifus, el sarampión y otra enfermedades infecciosas.
La viruela se combatió extrayendo el virus de vacunos infectados por viruela para ser inoculados en seres humanos y asi inmunizarlos a esta enfermedad. De ahí viene el nombre de “vacuna”.
En Chile el Instituto de Vacuna Animal fue fundado en Chile en el año 1887 y se ubicó en la Quinta Normal de Agricultura.
En los años 1779 una feroz salida del rio Mapocho, que botó tajamares que eran de ladrillo cocido y pegados con cal y canto provocó un gran daño en la ciudad, trajo una epidemia de calenturas bastardas que el vulgo llamó “el malecito”.


domingo, 13 de octubre de 2019

CHILE

¿Dónde está Chile? Donde sino en este costillar que crepita hora y media a las brasas. Que se marida con la frescura de la ensalada  a la chilena con la frescura de la cebolla crujiente cortada a la pluma y que se abraza al tomate limachino en una amalgama maravillosa . Con las papas con mayonesa. Con la ensalada de repollo cortado con fineza y las aceitunas negras como ojazos carnosos y generosos. Con el pebre que corona con su universo de sabores telúricos , verde, rojo, picante que da injundia al chorizo que espera en la marraqueta humeante su descarga de sabores ancestrales. De Chile mismo. Está en esta costilla de cabrito asado al horno, que se come de pie y con la mano por Domeyko o por Vallenar adentro. Está en esta monumental empanada frita de mechada con queso derretido en masa de sopaipilla. En el largo beber de la chicha fresca con naranja de septiembre que anima el alma. En el tañir de los panderos chinganeros que despiertan la cueca y la sacan a la cancha y Chile vuelve a zapatear con ganas su rebeldía ancestral. Su propia libertad. Donde está Chile sino en el ingenio de sus hijos que hacen una fiesta de la desgracia. Está en el arpegio nocturno y solitario del cantor al que le sale pura patria por la garganta y pájaros rebeldes por el pecho. Juramentado eterno con la justicia y la alegría del que deja testimonio. Del que hace camino. Está en tus ojos profundos, en tu risa, en toda la vida que haz andado conmigo.

Cuando la palta chorrea a la primera mascada del lomito ahí esta Chile llamándote desde su útero ancestral, antropología pura y popular que te identifica y marca tu corazón a fuego eterno. Chile abre su sustancia en el caldo de la cazuela que repone los sentidos. Piedra angular de la cocinería chilena. Pura memoria de tu historia familiar. En el adobo revuelto con la mano y el azote con ramas de apio que repiquetea en el costillar pintado de ají. Está en esta vinis vinifera. En este vino sagrado que eleva el espíritu y embriaga los sentidos. En este elixir de los dioses. La primera sangre de nuestro suelo. Está en tus guisos, arrollados, curantos y empanadas identirarias de cada zona de la larga y angosta geografía de esta tierra. En los caldillos, tu mote con huesillo, tus porotos granados, tus pasteles de choclo, tus pescados fritos. En tus chupes y tus postres. En los asados que animan la tarde en el calor del hogar…Chile te reencuentro a cada rato y hago un brindis por ti patria bella.

miércoles, 13 de febrero de 2019

SANTIAGO 478 AÑOS


Desde tus sagrados centros ceremoniales de sólidas raíces indígenas, hasta la llegada del yelmo y la espada invasora. Desde tus calles trazadas a lienza por el Alarife tuerto. Desde tu plaza polvorienta y abierta con sus Cabildos y tu Iglesia primigenia de techo de paja y rodeada de cementerios de pobres. Cruzada por sus acequias difusas en la memoria. Desde tu Rollo castigador en cumplimiento de azotes a negros y aborigenes. Con tus cabezas de ajusticiados y tus horcas perdidas en las páginas de tu historia. Con tus terremotos bíblicos y milagros eternos, los paseos del estandarte o el esplendor angélico de tus procesiones de Mayo. Con tus dantescos incendios inmemoriales. Con tu comercio inicial y con tu vieja pila de bronce presidiendo el espacio y los abrevaderos de tu Nueva Extremadura. Con tus portales y sus vendedores de calzado y ojotas. Ausente de jardines y niños jugando. Con tus serenos quebrando con su pregón el silencio del peso de la noche anunciando una nueva hora por tus callejas empedradas. Plaza de Armas del Santiago fundacional cuando la comida para los presos se hacía frente al pórtico de su lúgubre morada justiciera y los restos humeantes de las cenizas permanecían incandescentes a perpetuidad. Después pasaron corriendo los niños sepias detrás de un aro metálico que zigzagueaba con maestría por entremedio de la feligresía que iba a la misa de doce. Otros deslumbraban a los transeúntes jugando al Diávolo. Había ya vendedores de mote con huesillos y picarones. Los jardines amanecian tímidamente y se iban apoderando de la plaza. Santiago bisoño, chiporrito. Después tus galerías imitaciones parisinas se llenaron de pijes siúticos y perfumosos que se paseaban de lado a lado mirándose el peinado en los espejos franceses al centro de la galería. En los difusos años del mil ochocientos ochenta y tantos la Casa Prá, ya tenía luz eléctrica y el en hall de la tienda había una gallina de lata gigante, a la que había que introducirle un centavo y ponía un huevo de lata lleno de pastillas de chocolate.Nadie se dio cuenta como creció esta ciudad. Con sus grandezas y sus miserias, con niños de levita y zapatos de cuero negro y otros descalzos y desarrapados implorando una limosnita por el amor de Dios. Así fuiste creciendo con ruidosos automóviles y con tu miseria mapochina en La Chimba. Con el grito de mediodía de las caldúas y pequenes de los vendedores de poncho deshilachado y ojotas en Chuchunco abajo. Empezando apenas a conocer el alcantarillado y el pavimento. Hoy que los cristales de tus edificios casi tocan el cielo, hojeo las páginas de tu pasado señorial con la misma sempiterna desigualdad. A tus 478 años, sigues siendo ese adolescente bullangero y jaranero que no se ha dado cuenta que creció al amparo y generosidad de la grandeza de tus hijos. Felices 478 años mi amada ciudad…

viernes, 28 de diciembre de 2018

A PIE POR SANTIAGO, CRONICAS DE LA CIUDAD

César Palacios, que estás en el cielo…
El vértigo de su rasgueo hacía impercetible su mano. La violácea luz cenital bañaba los párpados hinchados de César Palacios. Se venía la ventolera. Potente, irrefrenable energía que poseía a César en la catarsis andina. El desliz de sus dedos libres en el diapasón. La dulce arremetida de sus rasgidos. El arpegio preciso. Sus contorsiones en el escenario, sus muecas parecidas al dolor en el acorde altiplanico de su charango mágico. Su profundo viaje interior. Sus ojos cerrados quizas de regreso a su árida infancia calameña. A la difusa niñez de escuela provinciana polvorienta. A la liceana pubertad. Al mudo silencio planetario de la pampa. A escuchar la voz de la montaña de sal. A sus vírgenes del sol. Estuvo en los albores del canto clandestino y ciudadano de ese Santiago sitiado y acosado por la fuerza maligna y oscura de la dictadura. Aunque fuera escondido había que sacar con más fuerza que nunca el grito rebelde de la musica denunciante. Ahí estaba el chico César. Amigo impenitente de la noche. De andar de aquí para allá bebiéndose la vida. Como si sufriera una dromomanía urbana. De Bar en Bar, de Peña en Peña entregando su arte. Buscando asilo en el alcohol que lo abrazó como regazo de madre. Compartimos muchos sitios y en su compañía cruzamos el umbral de muchas madrugadas junto a otros próceres de la farra luminosa.

Como la vida misma, partió a patria ajena donde supo de grandezas y miserias, de crudezas y de soledad. A pesar de las manos hermanas que le dieron amistad y cobijo su alma fracturada no se resignaba. Soñaba regresar, pero su salud estaba resentida y se quedó dormido para siempre en la cama de un hospital ajeno.
La tarde caía bella de colores fantasmagóricos en el ocaso del Salar de Surire. Los reflejos alucinantes de la laguna altiplanica genera un escenario indescriptible. Una bandada de parinas cruza el ancho cielo azul en raudo vuelo. César Palacios iba con ellas.

viernes, 28 de septiembre de 2018

A PIE POR SANTIAGO (CRÓNICAS DE LA CIUDAD)

ALIRO TORREJON ORTIZ

Fue chofer de inmensos camiones con tolva que acarreaban minerales por allá en el difuso pueblo de Inca de Oro, escenario de una parte de mi infancia nortina. Iba hacia la mina “Linda Ester” por Copiapó al interior, donde la tierra es cobriza y el agua salobre por el alto contenido de cobre. Después venía en el mítico "Taca Taca", camión Thames llamado así por el sonido de las vávulas de su motor y pintado de celeste y blanco, los colores de la virgen de Lourdes, como muchas cosas de su propiedad. Vino manejando un camión Chevrolet Viking 60 cargado hasta las barandas con sandías de Paine. Tuvo un Taller de reparación de Radiadores en una de las calles centricas del puerto Coquimbo que servia de lugar de regadas reuniones de amigotes y colosales fritangas de sartas de pejerreyes. Retratado en blanco y negro en la farra juvenil alucinante en La Stanka, o en el Bogarín o en el Bar Santiago en El Empalme en medio de la porteña bacanal cervecera. Pendenciero, peleador a parejas con mi tio Herman en el Bar del Italiano Enrico Paris en la borrachera inconsciente. Puntual encorbatado devoto dominical de la Gruta de Lourdes. Josefino impenitente de dudosa consecuencia. Recitador ebrio de los versos de Rafaél de León:" Mira como se me pone la piel cada vez que te recuerdo...por la garganta me sube rio de sangre fresca que recorre parte a parte mi cuerpo. Tengo espadas en las manos y cuchillos en los dedos...Y en la sien una corona de alfileres negros...". Visitante matutino del antiguo Mercado Persa que estaba en las cercanías de la calle San Martín cerca de Mapocho.
Cerrajero artístico forjador de mesas de arrimo y creador de porta maceteros pintados de negro. Sus dedos doblaban una hoja de cuaderno donde depositaba la purpurina dorada que aplicaba soplando levemente a la recién pintada pieza terminada. Armador de largos paños de reja que ayudamos a pintar con infantiles manos de antioxido cafesoso.
En el sólido tornillo mecánico aprisionó las machinas donde dobló las platinas y fierros para ir haciendo grandes las “eses” que serian parte de las patas de la mesa de terraza que soldaba al arco con talento y gracia. Llegó alguna vez de las fritangas de pescado que se instalaban en la ribera del Mapocho, cerca de la estación, con un paquete de pescados fritos que comimos entredormidos. Conocedor del cautín y la soldadura de estaño. Candil de la calle hasta entrados sus años de madurez. En el umbral de la tercera edad partió un buen día de este mundo sin decirle nada a nadie, cuando su corazón no pudo más para volverse el recuerdo de su nombre tallado en una placa de mármol. Ven, hagamos las paces. Dame un abrazo. Ya no tengo nada que reprocharte. Yo moriré comunista y tu allá con tus convicciones. Prefiero mirarte con los ojos limpios de resentimientos. Hasta siempre padre…



domingo, 8 de julio de 2018

A PIE POR SANTIAGO (CRÓNICAS DE LA CIUDAD)


LETRAS

Y de pronto me encontré frente a esta maraña de letras. A esta dulce y espesa cortina de bar antiguo a descorrer. Hacia un escenario desconocido y urgente de ofrendar mi párrafo generoso como granos de trigos silvestres para la harina de tu ancho y cálido pan fraterno. A saborear con fruicción como frutas frescas cada una de las vocales aprendidas en escuelas difusas y lejanas de la memoria preparatoria. A poner la boca dispuesta como si fuera una comunión para hilvanar las sílabas fundacionales de la infancia. A construir en un andamio de palabras la canción que llega al balcón de tu cielo proletario donde te espera la estrella de la victoria. Declaro que a la escalera humilde de la frase le debo mi palabra. Y al martillo la fuerza precisa de mi corazón militante. Al irrestricto compromiso con la utopía voluntaria y eterna de construir otra patria posible.
Y si de derrota en derrota mis letras han quedado caídas y pisadas en el amargo suelo de la impotencia, aprendimos a recorgerlas una a una para la batalla que viene. Y aunque las sentimos crepitar como hojas secas bajo la pesadumbre de nuestros pasos renovamos con un beso el juramento de nuestra revolución eterna. 
“… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.” (Pablo Neruda, “Confieso que he vivido”, 1974).

martes, 12 de junio de 2018

A PIE POR SANTIAGO (CRONICAS DE LA CIUDAD

SANTIAGO
No es que te haya olvidado. Es solo que cerré mis ojos unos momentos y cuando desperté todo había cambiado. Solo queda esta pilastra pergolera y franciscana donde me sentaba a esperar a que llegaras. Venías de jumper azul y medias colegiales blancas. Frágil y delgada. Con tu bolso cuerino que colgó más de una vez de mi hombro. Cuando los juegos Diana bullangeros y atrayentes eran vecinos de la emblemática iglesia colonial. Cuando el diario luminoso nos entregaba sus noticias giratorias encendidas en los atardeceres en la franja móvil y de premonitoria tecnología en la cúpula del edificio NCR, en Alameda y San Diego. Ya no están los cines donde ibamos a las matinales de la infancia. No está el cine Continental, ahí en Plaza Bulnes, ni el Metro, ni el Bandera, ni el Plaza, ni el Real, ni en Rex, Ni el Cinelandia, Ni el cine Santiago, ni el York, ni el Florida, ni el Central, ni el Huérfanos, ni el Lido, ni el Astor… ahora son mustias bodegas, trasgresoras discotecas gays o alucinantes Templos evángelicos de combulsiones colectivas e insensatas revelaciones divinas. La torre Entel empezaba a levantarse a si misma, cuando no se imaginaba ser anfitriona de venideros años nuevos gregarios y pletóricos de baile y de alegría transitoria. ¿Te acuerdas?. Juntos esperabamos la micro en la Plaza de Armas. Tu la 37 Matadero Palma y yo la 60 Ovalle Negrete. Cuando el valor de pasaje se hacia circular hacia la pecera del conductor de mano en mano y hasta regresaba el boleto escolar cuando nos subíamos por la puerta de atrás. No es que te haya olvidado como puedes ver. Pero las ancianas vendedoras nocturnas de huevos duros y pan amasado claudicaron ante el arrollador paso de modernidad excluyente. No me preguntes donde se fue mi Santiago provinciano. Ese cuyas centricas calles recorriamos en los días previos a las navidades para extasiarnos con los decorados de ensoñación de su vitrinas repletas de sueños inalcanzables. Esa ciudad anterior con fragantes barquitos maniceros donde te compré una bolsita de turrones multicolores que eran como dulces rocas mínimas de dulzura para ti. Yo me quedé con el con la tibieza del maní al que había que sacarle la su cáscara…La calle Ahumada por donde transitaba la locomoción vio desaparecer la Farmacia del Indio que gobernaba silente esa esquina histórica. Hoy tus edificios notables sobrevivientes yacen ocultos entre espejos y cristales de una modernidad invasiva que se eleva hacia tus cielos. Santiago, te recuerdo. No creas que me olvidé de ti.

domingo, 6 de mayo de 2018

A PIE POR SANTIAGO (CRÓNICAS DE LA CIUDAD)

FELIZ CUMPLEAÑOS SANTIAGO
Yo te conozco. Te vi sopeando una paila marina en el Mercado Central y tomando té frio de madrugada tras la resaca de la bacanal. Te vi bailando una cueca rebelde, zapateada y libertaria de amanecida donde El Huaso Enrique. En la línea dos del Metro silente en otro paisaje síquico y con la oreja parada. Tomando medio pato de Cola de Mono al seco en el Ciros. Engulléndote un completo a la pasada en el Portal Fernández Concha. Comprando películas piratas en calle Estado. Mirando con extrañeza un objeto en el Persa Bio Bio. Una de pino y una de queso en El Rápido. Testigo del show de mediodía en la Plaza de Armas y su hilarante destino. Estabas en La Piojera y su despedida tambaleante. O persignándote en la Iglesia de Santo Domingo en la breve liturgia del favor concedido. Andabas en las surrealistas carreras del Club Hípico, agitándo los dedos para alentar la esperanza de triunfo. Viendo el partido en la pantalla multitudinaria, gregaria y callejera. Así eres Santiago en tu día a día a estas alturas del siglo. Trasmites a tus hijos tu impronta citadina. El vigor cotidiano, protector y materno de la Vega Central y su estirpe arrabalera. La silente penitencia en la Iglesia de La Merced y su afiteatro de velas y flores. La suplicante mano extendida a lo cielos. El asombro de tu Viseca de aves vivas allá por Chuchunco abajo. La Moneda en llamas y los Jocker Hunters con su carga criminal. Veo a Ricardito y su acordeón ciega tocando una melodía ininteligible a la entrada del Pasaje Matte. Al "Gloria a Dios" saltando en plena Plaza de armas su bíblico testimonial premonitorio con su libro sagrado en ristre. Te miro con ojos de niño exiliado. Con desconocimiento y con mi sonsonete provinciano. Te miro con mi overol de estudiante de preparatoria. Miro con dolor tus hijos huérfanos bajo los puentes del Mapocho. Tus trolebuses con suspensores doblando por General Mackenna. Tus canillitas vendiendo el diario a pata pelá. Santiago abuelo, tio, papá. Santiago sorprendente. Vividor y jaranero. Si apenas eres un joven de 477 años. Salud mi querida ciudad.

jueves, 12 de abril de 2018

A PIE POR SANTIAGO (CRONICAS DE LA CIUDAD)




ECOS DE ABRIL
Abril de tibias y deshojadas brisas. De prematuros atardeceres que se instalan en la tarde que agoniza. Abril de húmedo rocío de madrugada de regreso dipsómano y tambaleante de la Peña Antilén. De frecuente dromomanía hacia Chile, Rie y Canta, y luego hasta donde el Nano Parra, en San Isidro y Alonso Ovalle para tomar la copa del estribo en medio de la interpretación borracha de canciones de Sandro en la voz lacrimosa de Manolo Foster…o el Pollo Guzmán. Abril de Mil Cuecas zapateadas en el corazón de San Bernardo. Abril de luces y sombras. De amigos callejeando por “Decreto Supremo” con la guitarra llena de trinos de pájaros rebeldes. Abril afinando en La 4:40 los Tiempos de Crecer en la Casa del Cantor con entusiastas y emergentes amantes de la música. Abril oscuro en la lectura del listado policial de los que se iban y de los que se quedaban en la cárcel transitoria. Abril de profundo dolor en la partida de entrañables amigos. De lágrimas derramadas mientras sosteníamos en vilo el féretro con el cuerpo lívido de nuestro hermano Wilfredo que partía… hace 14 años ya. Abril estupefacto ante el horror todavía latente del atroz crimen cometido. No degollarán nuestra esperanza. Abril corriendo a tomar la última micro antes del toque de queda. Abril paseando contigo en la tarde dominical del Parque Forestal. Abril de lluvias ausentes. Abril de guitarras de acordes idos. Abril de renovados e ingenuos brios en la democracia que amanece. Abril de sueños venideros. De súbitos cabellos plateados reflejados en el espejo. De memorias cotidianas. De hojas que crepitan con mis pasos en la desnudez otoñal de los árboles de mi cuadra. De marchas multitudinarias con mi rostro presente y mi corazón militante. Abril…vuelvo a desandar el camino en los recovecos del implacable pasado…

jueves, 1 de febrero de 2018

A PIE POR SANTIAGO (CRONICAS DE LA CIUDAD)

ALLIPEN
Allipén…muéstrame tu arboleda maciza que va recorriendo tus orillas rio abajo. Tu rumor silencioso. Todo fluye. Nada permanece, todo cambia. Río dialéctico que no deja bañarse dos veces en la misma agua. Tus soberanos y poderosos salmones ciegos que van a contramano corcoveando y buscando su desobado final. Enséñame el rostro doloroso de tu tragedia invernal. Las manos infantiles que no pudieron remar contra corriente y que se quedaron dormidas en tu lecho araucano. Dame el aroma penetrante de tus hierbas sanadoras. La fragancia iracunda del Poleo. Dale el pan a tus hijos que te respetan y te veneran. Enséñame tu silente melodía rio abajo cuando la noche se instala en tus aposentos de virginal belleza. El ladrido solitario y alerta en el iluminado plenilunio de tus aguas. Tierra araucana de macilentos, silenciosos y torvos caminantes de la madera materna. A tus mudos paisajes hay que regresar con el corazón dispuesto. A la guitarra nocturna. Al cálido vino de la amistad reencontrada. A la canción que el viento invernal va entonando en la colosal sacudida de las copas de tus árboles sagrados. A tu poderosa lluvia inclemente. A tu oscuridad impenetrable. A tus galopes equinos de dulce mansedumbre que van haciendo camino en la generosa tierra sureña. Salud nuevo amigo.